{"id":3096,"date":"2022-03-21T09:59:11","date_gmt":"2022-03-21T15:59:11","guid":{"rendered":"http:\/\/tradicionescostarica.ucr.ac.cr\/?p=3096"},"modified":"2022-03-21T09:59:12","modified_gmt":"2022-03-21T15:59:12","slug":"el-padre-sin-cabeza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tradicionescostarica.ucr.ac.cr\/index.php\/2022\/03\/21\/el-padre-sin-cabeza\/","title":{"rendered":"El padre sin cabeza"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Eran aquellos tiempos de fusil de chispa, no tan distantes que digamos. Tiemois de oro y de alegr\u00eda en que nuestros antepasados, libres del aprisionamiento fastuoso de la moderna civilizaci\u00f3n, viv\u00edn a su modo, pobre y humildemente, pero simpre contentos y alegres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Nuestro pueblo, de labriegos sencillos formado, conserv\u00f3 de los conquistadores gallegos que vinieron de Espa\u00f1a, en busca de oro y de tierras para aumentar el poder\u00edo del Le\u00f3n Ibero, su amor entra\u00f1able al hogar, su fe religiosa y la sonser\u00eda peculiar que le hizo cr\u00e9dulo y creyencero.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">A m\u00e1s de las fiestas de iglesia, que formaban lista en el a\u00f1o, nuestros abuelos celebraban con menos pompa, pero s\u00ed con m\u00e1s alegr\u00edas, dos festivales c\u00edvicos: el veintisiete de abril  el de la independencia, esto es, el aniversario del golpe de cuartel del general don Tom\u00e1s Guardia y el quince de setiembre, adoptado en Centroam\u00e9rica  como fecha de la emancipaci\u00f3n pol\u00edtica de Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">El programa era corto: bailes populares al aire libre y repartici\u00f3n de licor; estallido de cohetes y bombas; gritos y, de cuando en cuando, algunos mojicones, por copa de m\u00e1s o de menos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Y nuestros campesinos, todos guardaban su pala y el machete, limpiaban un poco sus manos, blanqueaban, a fuerza de &#8220;eje&#8221;, sus agrietados pies, y sal\u00edan al anochecer a divertirse con sus respectivas familias, danzando al claror de la luz que desped\u00edan los faroles de canf\u00edn o los reverberos de manteca, y al comp\u00e1s de las m\u00fasicas de las marimbas, acordeones y guitarras.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Y aqu\u00ed entramos en nuestra relaci\u00f3n respecto al suceso de la Calle del Cura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">\u00d1or Juan Rafael Reyes era el viejo m\u00e1s alegre del distrito del Patarr\u00e1 y no perd\u00eda, por nada de este mundo, los festivales del veintisiete de abril y la independencia, que bastante ten\u00eda que sudar los dem\u00e1s d\u00edas del a\u00f1o para atender a su manutenci\u00f3n y la de su familia, para no aprovechar la ocasi\u00f3n de echar una canita al aire.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">En su caser\u00edo eran bastantes recogidos, ajenos a todo, s\u00f3lo pensaban en la quema de la piedra de cal que les daba, entonces, m\u00e1s que ahora, el sustento. Las fechas memorables pasaban casi inadvertidas, por lo que \u00f1or Juan Rafael se ve\u00eda obligado a ir hasta la villa para colmar sus ansias de fiesta. All\u00ed era cosa de ver: la taquillas permanec\u00edan abiertas la noche entera;  los vecinos principales iluminaban los frentes de sus casas; en la plaza p\u00fablica el entusiasmo no deca\u00eda hasta rayar el nuevo sol y la ilustre Corporaci\u00f3n Municipal sol\u00eda disponer el reparto de &#8220;guaro&#8221; a todos los ciudadanos que vitoreaban vitoreaban al ciudadano presidente. Y eso entusiasmaba a \u00f1or Reyes que, muy a pesar de sus a\u00f1os, que ya eran carga, gustaba de amanecer en vela,  bailando a ratos, libando copas, mascullando su chicagre y enter\u00e1ndose en los corrillos de cuanto ocurr\u00eda en el gran mundo y soltando de cuando en vez su gracejada, para no quedarse atr\u00e1s con los cuentos, enredos y chistes, que los contertulios iban enhebrando como para amenizar al rato.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Acert\u00f3 a caer la fecha de la independencia en domingo y desde luego la fiesta fue s\u00e1bado en la noche. Por las v\u00edsperas se saca el d\u00eda y para cumplir con el adagio popular, de antes y con antes comenzaba la alegr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">\u00d1or Reyes no prescind\u00eda de bajar a la &#8220;suid\u00e1 a marcar&#8221; su mantenci\u00f3n, lo que hac\u00eda todos los s\u00e1bados al amanecer y menos dejar de pasar a la parranda. Hab\u00eda que compartir la obligaci\u00f3n con la devoci\u00f3n. Verdad es que podr\u00eda ajilar por la calle de Dos R\u00edos y evadir as\u00ed la atenci\u00f3n de la villa, pero s\u00f3lo una vez se celebraba al a\u00f1o la independencia y para el siguiente ya pod\u00eda estar bajo tierra. Hab\u00eda que aprovechar la oportunidad, que por algo la suelen pintar calva. \u00d1or Reyes, -lo dec\u00eda su mujer-, ser\u00eda parrandero y bebedor, eso s\u00ed, muy cumplido con sus obligaciones. Compraba el &#8220;diario&#8221; y lo que quedaba libre, era lo que pod\u00eda beberse en ron o guaron de la F\u00e1brica Nacional. Y cayendo y levantado, pod\u00eda llegar y al anochecer a su casa, pero con sus alforjas repletas, con provisiones para la semana. Tambi\u00e9n lo dec\u00eda: -Los almadiados todo lo pierden, menos la memoria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Ella se lo perdonaba a su marido, porque en su &#8220;alacena&#8221; todo abundaba; porque nunca la hizo ayunar, excepto los viernes cuaresma, &#8211; ya que era bien cat\u00f3lico-; ni la oblig\u00f3 a solicitar prestado el pu\u00f1adito de frijos ni de sal, o la jarra de arroz, como le suced\u00eda a la Piedades, su vecina, que a m\u00e1s de la vigilia en que viv\u00eda eternamente por las largas y repetidas parrandas de su hombre, que le duraban hasta ocho d\u00edas larguitos, sol\u00eda recibir un ajuste de azotes. Y todo se puede aguantar, menos eso de que un &#8220;manguela&#8221; alce la mano contra su mujer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Pues \u00f1or Reyes sali\u00f3 aquel s\u00e1bado muy temprano, caballero en su yegua rosilla, vistiendo los trapitos de dominguear, los de coger misa. Luc\u00eda su banda tinta, de seda, que le daba varias vueltas en la cintura, dejaba que las barbas salieran fuera del ruedo del chaquet\u00f3n; no faltaba el pa\u00f1uelo floreado al cuello ni la realera de pu\u00f1o de hueso y plata, compa\u00f1era de los d\u00edas de gran solemnidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Estuvo en la ciudad; hizo sus compras; provoc\u00f3 m\u00e1s de una risa saborsota, con sus chistes y sus relatos, que sal\u00edan de la boca como borbotones; sorbi\u00f3 sus copas de guaro nacional, m\u00e1s sabroso y m\u00e1s claro que el de &#8220;charral&#8221;, seg\u00fan su opini\u00f3n de buen bebedor y al atardecer dispuso el regreso, pasando por lo &#8220;Samparados&#8221;.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Ya preludiaban las marimbas y chisporroteaban los candilles, cunado hizo su entrada a la villa llevando sobre la albarda sus grandes alforjas bien repletas. En la casa del compadre \u00f1or Pedro, el matador, amarr\u00f3 su ruca, sin desensillarla, dej\u00f3 a buen recaudo las alforjas y su ramita de espino, que le serv\u00eda de espuela y la varillita de anono, que hac\u00eda de fuete y tras un saludo en que hac\u00eda recuento de la salud de todos los de la casa, se sali\u00f3 a comenzar la juerga, relami\u00e9ndose de gusto, porque no hab\u00eda dejado de salir sin sorber la j\u00edcara de chocolate con sus bizcochos y embustes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Bail\u00f3 fandango y punto; sorbi\u00f3 copas; tuvo mas de una disputa y pudo regresar a casa del compadre, sano y salvo, gracias a la intervenci\u00f3n de algunos amigos. All\u00ed le montaron en su bestia y lo pusieron en camino, toc\u00e1ndole el coraz\u00f3n, con el recuerdo de los suyos, que estar\u00edan en vela, deseosos de verle llegar. Y la bestiecilla cogi\u00f3 el trote, calle arriba&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Era la madrugada oscura y fr\u00eda. Mientras el jinete dormitaba, dejando floja la rienda, la ruca trotaba. Bien sab\u00eda \u00f1or Reyes que montaba en un animal manse, que conoc\u00eda el trillo de la casa, como de memoria. Por eso se dejaba llevar, confiado y tranquilo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Pas\u00f3 por San Antonio sin novedad. Todo mundo dorm\u00eda. Uno que otro perro ladr\u00f3 a su paso y vino a ahuyentar el sue\u00f1o. Cuando creuz\u00f3 el r\u00edo Damas y entr\u00f3 en su jurisdicci\u00f3n, apur\u00f3 la yegua el trote, porque ya estaba pr\u00f3ximo el momento de probar bocado y quedar libre del aparejo, el jinete y la carga.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Pr\u00f3ximo el recodo llamado la &#8220;Calle del Cura sin Cabeza&#8221;. All\u00e1 se bifurca el camino y dan sombra los altos higuerones. Era un sitio temido, porque dec\u00eda el rumor popular que asustaban. Muchas historietas de aparecidos circulaban de boca en boca. Pero \u00f1or Reyes ni era hombre de miedo ni padec\u00eda de nervios; m\u00e1s bien se envalentonaba cuando sorb\u00eda sus copas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Frente a la plazuela, donde solamente se levantaba casa de peones de la finca, vio una ermita. Se restreg\u00f3 bien los ojos, porque no ten\u00eda memoria de que all\u00ed hubiera existido esa construcci\u00f3n. Pero como para desvanecer sus dudas, repic\u00f3 la campana llamando a misa. Y deseoso de enterarse por sus propios ojos de que no &#8220;eran visiones&#8221; ni cosa del otro mundo, se demont\u00f3 y entr\u00f3se al templo, que estaba iluminando a media luz. Se hinc\u00f3 y se dispuso a o\u00edr misa. Todo fue muy bien, mientras el sacerdorte no volvi\u00f3 la cara, para cantar el &#8220;Dominus Vobiscum&#8221; y se dio cuenta de que al Padre le faltaba la cabuza. La impresi\u00f3n lo levant\u00f3 como con resortes y lo hizo abrirse en estampida. Al pasar bajo el coro, oy\u00f3 un ruido infernal y sinti\u00f3 que la campana le segu\u00eda repicando su badajo&#8230;  \u00a1No supo m\u00e1s!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">All\u00ed cerca, sobre el zacate, fue encontrado, sin sentido, por los carreteros madrugadores, que llevaban carga a la ciudad. Lo recogieron y los trasladaron a su residencia, donde pas\u00f3 muy malito algunos d\u00edas. Cost\u00f3 que volviera en s\u00ed. Hasta la pronuncia hab\u00eda perdido. Ten\u00eda que ser cosa mala la que vio, comentaban los familiares.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Pronto cundi\u00f3 la noticia del aparecido de la &#8220;Calle del Cura sin Cabeza&#8221;. Los curiosos llegaban a inquirir del suceso y se tej\u00edan los m\u00e1s variados fant\u00e1sticos comentarios. El t\u00edo Melit\u00f3n, que era muy ladino, defini\u00f3 el asunto: &#8211; Acechanzas del demonio; \u00f1or Reyes hab\u00eda asistido a sus propios funerales, en castigo de sus pecados. Naturalmente, nunca m\u00e1s volvi\u00f3 a pasar en &#8220;deshoras&#8221; por ese camino. Si iba a la ciudad, regresaba tempranito y por si ten\u00eda que viajar con carreta, para evitar que los bueyes se asolearan, madrugaba, pero siempre esperaba otros compa\u00f1eros. Que dos hombres se valen mejor que uno solo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">La moralidad p\u00fablica habr\u00eda ganado mucho, ya que se consum\u00eda menos licor nacional en la villa, si se le ocurer a un vivo, llevar al barrio licor clandestino de Agua Caliente, evitando as\u00ed el viaje a la villa, pasando por la Calle del Cura sin Cabeza&#8221; en horas de la noche.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Han pasado muchos a\u00f1o; el suceso apenas si se recuerda; el trecho de camino conserva el nombre de la &#8220;Calle del Cura sin Cabeza&#8221;, y la conseja del aparecido, sigue siendo como una lecci\u00f3n de moral. Pero nadie escarmienta en cabeza ajena. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eran aquellos tiempos de fusil de chispa, no tan distantes que digamos. 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