{"id":2992,"date":"2022-03-13T13:34:43","date_gmt":"2022-03-13T19:34:43","guid":{"rendered":"http:\/\/tradicionescostarica.ucr.ac.cr\/?p=2992"},"modified":"2022-03-13T13:34:44","modified_gmt":"2022-03-13T19:34:44","slug":"una-leyenda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tradicionescostarica.ucr.ac.cr\/index.php\/2022\/03\/13\/una-leyenda\/","title":{"rendered":"Una leyenda"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Hace algunos a\u00f1os corr\u00eda en Cartago una leyenda de un crimen sucedido en otros tiempos, leyenda relatada por los viejos y cada vez m\u00e1s misteriosa, m\u00e1s sombr\u00eda, merced a la longevidad que hab\u00eda alcanzado. No hay duda de que en el fondo hab\u00eda una gran verdad, aunque asaz mutilada y mal vestida, verdad que he conocido, como otros, sin ning\u00fan lujo de detalles; de modo que quien al terminar de leerme asegure que he dejado la historieta en calzas y jub\u00f3n, est\u00e1 en lo cierto, pero as\u00ed y todo la publico sin reparo, pues abrigo el convencimiento de que en otra forma no lo podr\u00eda hacer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">En el a\u00f1o de 1595 lleg\u00f3 a Cartago, asiento de los gobernadores espa\u00f1oles y entonces capital de la colonia, un apuesto joven de veinti\u00fan a\u00f1os, llamado Francisco de Ocampo Golf\u00edn, de hidalga cuna y mucho talento, originario de Extremadura, la po\u00e9tica regi\u00f3n de Espa\u00f1a de hermos\u00edsimas dehesas en que pacen los ganados trashumantes, de grandes arboledas de alcornoques, encinas y casta\u00f1os. Era su padre un militar de carrera que hab\u00eda peleado en las guerras de Italia y Flandes, en Granada, y, \u00faltimamente, en la campa\u00f1a de Portugal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">El hijo no desmerec\u00eda del padre, y sin gran porvenir en su pa\u00eds, se lanz\u00f3 a las aventuras, y se embarc\u00f3, rumbo a la Am\u00e9rica. Un falucho empavesado con los colores de su patria, que eran en aquella edad batalladora los colores de la gloria, singl\u00f3 el mar, y una ma\u00f1ana, los vig\u00edas en la costa vieron aparecer, con el nacer del d\u00eda, una vela latina que hinchada por la brisa parec\u00eda el ala de un inmenso cisne que resbal\u00f3 sobre la espuma hasta detenerse en las arenas de la playa. Ocampo salt\u00f3 a tierra, para no volver nunca a la lejana Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Hall\u00f3se bien en Costa Rica, sen\u00f3le de maravilla el clima de Cartago, prend\u00f3se de aquel paisaje de acuarela que a\u00f1os antes hab\u00edan contemplado en todo el esplendor de su belleza los tenientes errabundos del f\u00e9rreo Cavall\u00f3n, y un a\u00f1o despu\u00e9s de haber llegado contrajo matrimonio con una doncella alcurniad\u00edsima, In\u00e9s de Benavides, de diecis\u00e9is a\u00f1os de edad e hija del famoso Juan Solano, cuya memoria venerada vivi\u00f3 por tantos lustros en los anales que narraban los sucesos m\u00e1s salientes de los d\u00edas de la conquista.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Francisco de Ocampo Golf\u00edn fund\u00f3, pues, aqu\u00ed su hogar, fue buen amigo de varios gobernadores, desempe\u00f1\u00f3 algunos cargos de importancia y se hizo rico. Despu\u00e9s de una vida activa, muri\u00f3 hacia el a\u00f1o 1638. Tuvo de su matrimonio seis hijos, tres varones y tres hembras. Entre aqu\u00e9llos figur\u00f3 don Alonso, sacerdote y sujeto principal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">La familia de Ocampo Golf\u00edn o Sandoval Ocampo, como indistintamente se la llam\u00f3, fue una de las m\u00e1s renombradas de Cartago, aunque es posible que amenguara su prestigio un hecho ins\u00f3lito acaecido en aquel tiempo, en el que figuraron dos de sus miembros y, cuyos ecos, no bien apagados todav\u00eda, han llegado hasta nosotros en forma de fant\u00e1stica leyenda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">En 1639 don Jos\u00e9 de Sandoval Ocampo, hermano de don Alonso, rindi\u00f3se a las gracias y virtudes de do\u00f1a Isabel de Obando, bisnieta de don Gonzalo V\u00e1zques de Coronado, y se cas\u00f3 con ella. Esta boda que enlazaba a dos familias distinguidas de aquella sociedad, por motivos que se ignoran, fue desaprobada abiertamente por el padre Alonso y sus dem\u00e1s parientes. Don Jos\u00e9, ofendido, rompi\u00f3 con sus hermanas y cu\u00f1ados, y esta pronta enemistad hab\u00eda de traer una funesta consecuencia, entonces dif\u00edcil de prever.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Eran las doce del d\u00eda primero de enero de 1640, y la sala del ayuntamiento, frente a la plaza mayor, reventaba de gente de lo m\u00e1s copetuda de Cartago que deseaba presenciar el juramento de los nuevos concejales electos para ese a\u00f1o, y entre ellos se hallaba don Jos\u00e9, que hab\u00eda resultado favorecido con los votos para Acalde. Encontr\u00e1banse, adem\u00e1s, presentes, el Gobernador y Capit\u00e1m General de la provincia don Gregorio de Sandoval, venerable anciano, consejero de guerra de Su Majestad; las autoridades civiles, militares y eclesi\u00e1sticas, y los individuos que cesaban ese d\u00eda en sus funciones municipales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Llamado don Jos\u00e9 por el gobernador para que fuese a recibir la vara de la justicia, se adelant\u00f3 algunos pasos, cuando de repente, del grupo de asistentes, que en silencio contemplaban aquella ceremonia, surgi\u00f3 un hombre, el padre Alonso, y r\u00e1pido como el rel\u00e1mpago asest\u00f3 dos tremendas pu\u00f1aladas en el pecho del Alcalde. Este rod\u00f3 al suelo como muerto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">La confusi\u00f3n que sigui\u00f3 al atentado fue inmensa. Los Sandoval desnudaron las espadas y lo propio hicieron los cu\u00f1ados del herido y dem\u00e1s deudos de su esposa, y ya se iba a empezar un combate, que habr\u00eda te\u00f1ido en sangre las baldosas del cabildo, cuando se oy\u00f3 la voz de don Gregorio que dominando el ruido de aquella turba se impuso con la triple autoridad de su alto puesto, de su entereza y de sus a\u00f1os, Su en\u00e9rgica actitud y de su adem\u00e1n resuelto evitaron el encuentro; ces\u00f3 el barullo, se serenaron a medias los esp\u00edritus, aquiet\u00e1ronse los quisquillosos caballeros, volvieron a la vaina los aceros, y el Cristo de madera que en la mesa del buen Gobernador esperaba el juramento de los nuevos concejales era, minuto despu\u00e9s, en la media luz de aquella sala, el \u00fanico testigo que yac\u00eda en el lugar en que cayera dond Jos\u00e9 de Sandoval.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\"> Este luch\u00f3 muchos d\u00edas entre la vida y la muerte, pero se sobrepuso su joven naturaleza y al fin san\u00f3 de sus heridas. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">En cuanto el padre Alonso no se sabe que fuera procesado, m\u00e1s es probable que la autoridad eclesi\u00e1stica condenara y castigara su inicuo proceder. Don Gregorio reuni\u00f3 despu\u00e9s a los hermanos y procur\u00f3 reconciliarlos; logr\u00f3 por los menos calmar la irritaci\u00f3n que herv\u00eda en sus pechos y hacer germinar en el coraz\u00f3n del padre Alonso la semilla de un sincero y amargu\u00edsimo pesar: el remordimiento de la falta cometida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Muchos a\u00f1os despu\u00e9s el mismo padre reedific\u00f3 la iglesia parroquial con dineros personales, y ya viejo y achacoso entr\u00f3 en un claustro donde termin\u00f3 su vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">He ah\u00ed la verdad de una tradici\u00f3n que corria entre las gentes de Cartago y que a su sabor comentaban en las tardes nebulosas de la vieja capital, desfigurada en el discurrir del tiempo, y que es uno de tantos episodios novelescos de la historia colonial de Costa Rica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\"><strong>Referencia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Zeled\u00f3n Cart\u00edn, E. (2018). Leyendas costarricenses. Universidad Nacional.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace algunos a\u00f1os corr\u00eda en Cartago una leyenda de un crimen sucedido en otros tiempos, leyenda relatada por los viejos y cada vez m\u00e1s misteriosa, m\u00e1s sombr\u00eda, merced a la longevidad que hab\u00eda alcanzado. No hay duda de que en el fondo hab\u00eda una gran verdad, aunque asaz mutilada y mal vestida, verdad que he&hellip;&nbsp;<a href=\"https:\/\/tradicionescostarica.ucr.ac.cr\/index.php\/2022\/03\/13\/una-leyenda\/\" rel=\"bookmark\">Read More &raquo;<span class=\"screen-reader-text\">Una leyenda<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"neve_meta_sidebar":"","neve_meta_container":"","neve_meta_enable_content_width":"","neve_meta_content_width":0,"neve_meta_title_alignment":"","neve_meta_author_avatar":"","neve_post_elements_order":"","neve_meta_disable_header":"","neve_meta_disable_footer":"","neve_meta_disable_title":"","ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"categories":[8,3],"tags":[],"class_list":["post-2992","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-leyendas","category-tradiciones"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/tradicionescostarica.ucr.ac.cr\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2992","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/tradicionescostarica.ucr.ac.cr\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/tradicionescostarica.ucr.ac.cr\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tradicionescostarica.ucr.ac.cr\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tradicionescostarica.ucr.ac.cr\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2992"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/tradicionescostarica.ucr.ac.cr\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2992\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2993,"href":"https:\/\/tradicionescostarica.ucr.ac.cr\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2992\/revisions\/2993"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/tradicionescostarica.ucr.ac.cr\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2992"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/tradicionescostarica.ucr.ac.cr\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2992"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/tradicionescostarica.ucr.ac.cr\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2992"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}