{"id":1177,"date":"2022-01-06T15:41:43","date_gmt":"2022-01-06T21:41:43","guid":{"rendered":"http:\/\/tradicionescostarica.ucr.ac.cr\/?p=1177"},"modified":"2022-01-25T16:03:21","modified_gmt":"2022-01-25T22:03:21","slug":"los-rios-gemelos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tradicionescostarica.ucr.ac.cr\/index.php\/2022\/01\/06\/los-rios-gemelos\/","title":{"rendered":"Los r\u00edos Gemelos"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Don Pedro Varela, recio y simp\u00e1tico agricultor, abandon\u00f3 la urbe para dedicarse all\u00e1, entre las fr\u00edas neblinas de Coliblanco, a cultivar una peque\u00f1a parcela. Le\u00eda mucho, observaba m\u00e1s y como un ermita\u00f1o de los viejos tiempos, estudiaba su yo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Simp\u00e1tico y afable, a pesar de que viv\u00eda en una soledad llena de brumas y vientos helados, atend\u00eda con alegr\u00eda a quienes lo visitaban.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Rondando y rondando por esos campos hermosos de la Patria, llegu\u00e9 hasta su albergue, perdiendo en su fresca hondonada en la cual se preservaba de lo g\u00e9lidos temporales que duraban todo el a\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Viv\u00ed all\u00ed varios d\u00edas. Una noche apacible, lunar y fresca, cuando la neblina se deshac\u00eda en jirones en las ramas de los corpulentos ja\u00fales, escuch\u00e9 este fant\u00e1stico relato: &#8220;Es Pacayas un pueblecito encantador, enclacado en las faldas f\u00e9rtiles del Iraz\u00fa. Pueblo hospitalario como ninguno, acoge bondadosamente a los forasteros, los cuales sienten dolor al alejarse&#8221;.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Una noche en que la luna tamizaba la soledad dormida del pueblo, recostado a un basti\u00f3n de un puente de los r\u00edos Gemelos, sent\u00ed surgir una leyenda de siglos olvidados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Los indios g\u00fcetares, en la noche silenciosa de los tiempos milenarios, habitaban confiadamente esta regi\u00f3n. Pr\u00f3diga siempre, esta tierra maravillosa delvolv\u00eda cien por uno y as\u00ed fructificaba una vida sencilla y tranquila. All\u00ed, en una verde altiplanicie, entre el verdor de frescas arboledas y cantarinas fuentes, se alzaba una choza, refugio encantador de una familia trabajadora.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Hu\u00e9car y su esposa Talh\u00eda so\u00f1aron muchos a\u00f1os con el hijo que vendr\u00eda a llenar sus soledades. Fueron felices cuando arribaron al mismo tiempo dos hermosos ni\u00f1os. Al tiempo, Pacis y Ayas se convirtieron en dos recios mocetones que ayudaron a su padre en las faenas agr\u00edcolas, en la caza, en sus horas de algr\u00eda y tambi\u00e9n en las de agobiante tristeza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Verdaderos hermanos, sus vidas no fueron turbadas por rencilla alguna, pero un d\u00eda conocieron a Ida\u00ed, la hermosa hija del pastor Dagobh.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Frescura de ma\u00f1anita de diciembre, luz argentada de luna de enero, rosa ex\u00f3tica de un jard\u00edn magn\u00edfico, graciosa porcelana dorada, eso era Ida\u00ed. Los hermonos gemelos Pacis y Ayas se enamoraron perdidamente de ella.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Lo que no se esper\u00f3 nunca, el amir hacia Ida\u00ed separ\u00f3 a los hermanos. Profunda herida se abri\u00f3 en el amor fraternal. Hu\u00e9car y Talh\u00eda, miraron asombrados aquel despertar del odio y nada pod\u00edan hacer amortiguarlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Ida\u00ed, mujer al fin, alentaba a sus dos admiradores. Esperanzas, un furuto prometedor, amor sin l\u00edmites, ofrec\u00eda en sus palabras enga\u00f1adoras. Insist\u00edan ambos j\u00f3venes y el cielo hogare\u00f1o se nublaba con presagios de tormenta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Pero un d\u00eda&#8230; el Coloso despert\u00f3. Dirigi\u00f3 al cielo llamas gigantes. lanz\u00f3 a los cielos nubes de rojizas piedras, se desbordpo de su cr\u00e1ter la ardiente lava y la tierra se sacud\u00eda. El p\u00e1nico rein\u00f3 entre los habitantes de sus laderas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Ante el peligro, el Cacique de Cot convoc\u00f3 a sus consejros, sacerdotes y sabios, para encontrar remedio a la cat\u00e1strofe que se cern\u00eda sobre su pueblo. Reunido el Consejo, resolvi\u00f3 que para calmar el monstruo rugiente, era preciso el sacrificio de una joven virgen y bella, que entregada a las entra\u00f1as calcinadoras del Volc\u00e1n detuviera su \u00edmpetu destructor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">\u00bfCu\u00e1l doncella escoger? No hubo dudas: Ida\u00ed era la virgen m\u00e1s bella, la rosa m\u00e1s fragante de aquel pieblo g\u00fcetar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">\u00a1Toda la tribu se estremeci\u00f3! Pero ante el peligro inminente, ante la destrucci\u00f3n de todos, era preciso tomar una decisi\u00f3n por m\u00e1s dolorosa que fuera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Pacis y Ayas, rugiendo de dolor ante el veredicto del Consejo, aprestaron su valor para salvar a la v\u00edctima inocente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Era la clara la noche de junio: tenuemente la luna alumbraba los campos y el silencio nocturno era rasgado solamente por los truenos subterr\u00e1neos del volc\u00e1n. Un cortejo alucinante, silencioso y fantasmal, se encaminaba lentamente hacia el cr\u00e1ter. Delante caminaban los sacerdotres hoscos y fan\u00e1ticos y atr\u00e1s todo el pueblo, mientras encendidas antorchas hac\u00edan m\u00e1s pavorosa la nocturna procesi\u00f3n. En el centro de ella, Ida\u00ed, envueltas sus primaverales formas en blanca t\u00fanica, p\u00e1lida y trsite, en altas andas se dirig\u00eda imp\u00e1vida al sacrificio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Los sacerdotes iniciaron un l\u00fagubre c\u00e1ntico a sus dioses sanguinarios y el pueblo los sigui\u00f3; en el silencio roto, el canto espantoso hizo correr escalofr\u00edos por las desnudas espaldas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Faltaba poco para llegar a la cumbre cuando, de ambos lados del camino, surguieron las arrogantes figuras de los gemelos, quienes, odi\u00e1ndose entre s\u00ed, ven\u00edan a rescatar a la due\u00f1a de sus ensue\u00f1os, de aquel tr\u00e1gico y fat\u00eddico destino.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Atacaron furiosamente a la comitiva; la reyerta fue corta, sanguinaria y cruel&#8230; Sus cad\u00e1veres quedaron a la vera de la senda. Prosigui\u00f3 la t\u00e9trica comitiva, fant\u00e1sticamente l\u00fagubre, hacia su destino. Los cantos empavorecedores, se hicieron gritos&#8230; Y entre el fragor tremendo de aquellos cantos b\u00e1sbaros, Ida\u00ed fue lanzada al fondo de aquella boca de fuego.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">\u00a1Un ay! lastimero se prendi\u00f3 del aire y llen\u00f3 de consternaci\u00f3n a los ind\u00edgenas. Surgi\u00f3 desde las profundidades del cr\u00e1ter una nubecilla rosa y un perfume de violetas tenuemente palpit\u00f3 en la brisa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Las antorchas mortecinas alumbraron el camino del retorno ym silenciosamente, la muchedumbre apesarada por el crimen cometido, regres\u00f3. Al amanecer, una aurora espl\u00e9ndida cubri\u00f3 de amaranto el macizo del Iraz\u00fa y una suave brisa sutilmente perfum\u00f3 la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Talh\u00eda, llena de dolor, vino a llorar sobre los cuerpos de sus hijos inmolados. Llor\u00f3&#8230;. llor\u00f3 tanto, que de sus pupilas brot\u00f3 incontenible manantial de l\u00e1girmas. Todo el d\u00eda llor\u00f3&#8230; y el nuevo amanecer vio que las l\u00e1grimas vertidas hab\u00edan formado dos riachuelos y que en los lugares donde sus hijos hab\u00edan ca\u00eddo, brotaban extra\u00f1as palmeras.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Al volver a su hogar encontr\u00f3 sorprendida, que los dos manantiales se un\u00edan m\u00e1s abajo formando un r\u00edo, parlero y claro que hoy se llama Pacayas y que tiene en sus orillas aquellas palmas reci\u00e9n brotadas&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Las l\u00e1grimas santas de una buena madre hab\u00edan unido en el valle fresco y cantarino un solo caudal, imagen de la uni\u00f3n perpetua de sus hijos all\u00e1 en la Eternidad. Esto es lo que Perdo Varela, alma sencilla, rom\u00e1ntico y so\u00f1ador, hizo nacer una noche de luna, recostado a una basti\u00f3n del puente de los r\u00edos Gemelos, mientras la neblina descend\u00eda del Coloso.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-embed is-type-rich is-provider-soundcloud wp-block-embed-soundcloud\"><div class=\"wp-block-embed__wrapper\">\n<iframe loading=\"lazy\" title=\"Los R\u00edos Gemelos by TCU 486\" width=\"1200\" height=\"400\" scrolling=\"no\" frameborder=\"no\" src=\"https:\/\/w.soundcloud.com\/player\/?visual=true&#038;url=https%3A%2F%2Fapi.soundcloud.com%2Ftracks%2F1202753932&#038;show_artwork=true&#038;maxheight=1000&#038;maxwidth=1200\"><\/iframe>\n<\/div><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\"><strong>Referencia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Zeled\u00f3n Cart\u00edn, E. (2018). Leyendas costarricenses. Universidad Nacional.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Don Pedro Varela, recio y simp\u00e1tico agricultor, abandon\u00f3 la urbe para dedicarse all\u00e1, entre las fr\u00edas neblinas de Coliblanco, a cultivar una peque\u00f1a parcela. Le\u00eda mucho, observaba m\u00e1s y como un ermita\u00f1o de los viejos tiempos, estudiaba su yo. 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