{"id":1175,"date":"2022-01-05T12:47:34","date_gmt":"2022-01-05T18:47:34","guid":{"rendered":"http:\/\/tradicionescostarica.ucr.ac.cr\/?p=1175"},"modified":"2022-01-05T12:47:34","modified_gmt":"2022-01-05T18:47:34","slug":"ture-hua","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tradicionescostarica.ucr.ac.cr\/index.php\/2022\/01\/05\/ture-hua\/","title":{"rendered":"Tur\u00e9 Hu\u00e1"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Cuenta la tradici\u00f3n que, en \u00e9pocas remotas, en un extenso valle cruzado por el R\u00edo Grande de T\u00e9rraba, habitaban dos tribus enemigas gobernadas por los caciques UrusKara y Dufar\u00e1, quienes hab\u00edan chocado en sangrientas refriegas y de las cuales ninguna ventaja hab\u00edan obtenido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Andando el tiempo aconteci\u00f3 que Porubr\u00ed, joven y gallardo heredero del Cacique Uruskara, se prend\u00f3 locamente de la princesa Tur\u00e9 Hu\u00e1, bella flor de quince abriles primog\u00e9nita del bravo Dufar\u00e1. No pudieron unirse a ella a causa de la tradicional enemistad entre las dos tribus, Porubr\u00ed, astuto y valiente, concibi\u00f3 el proyecto de apoderarse de su amada, sin meditar en las consecuencias de su temeraria determinaci\u00f3n y, con tal prop\u00f3sito, muchas veces se hab\u00eda internado  furtivamente en el linaje enemigo. Muchos soles y muchas lunas lo hab\u00edan visto tendido entre hirsutos chamarrales en constante acecho, pronto a servirse del momento decisivo para coronar su ardiente deseo y as\u00ed, sobre la escarpada pe\u00f1a o a trav\u00e9s de la espesura virgen, Porubr\u00ed hab\u00eda espiado a la due\u00f1a de sus pensamientos cuando \u00e9sta tomaba su ba\u00f1o cotidiano en el Gran R\u00edo, asistida por sus siervas y guardada a prudente distancia por flecheros del Palenque Real. M\u00e1s de una vez, desde un rec\u00f3ndito paraje, el atolondrado mozo pudo contemplar a la elegida de su coraz\u00f3n en todo su esplendente desnudez; a la encantadora Tur\u00e9 Hu\u00e1, la de los turgentes senos, la de los ojos de gacela, la del cuerpo escultural&#8230; y Porubr\u00ed tembl\u00f3 de arrebatada pasi\u00f3n admirando extasiado la figura de aquella virgen n\u00fabil, bronc\u00ednea belleza de inmaculada perfecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Por fin, al correr de las horas y al andar de los d\u00edas, una oscura ma\u00f1ana de invierno lleg\u00f3 el momento esperado por el fogoso doncel. Aprovechando la oportunidad en que la poblaci\u00f3n enemiga dorm\u00eda, Porub\u00ed, en un alarde suicida, se apoder\u00f3 de la encantadora Tur\u00e9 Hu\u00e1, huyendo con ella a trav\u00e9s de la selva virgen para internarse en territorio de su propia tribu.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Descubierto por flecheros del Cacique Dufar\u00e1 y perseguido de cerca por \u00e9stos, Porubr\u00ed pudo llegar hasta el pie de un peque\u00f1o cerro en donde hizo frente a sus perseguidores, a quienes venci\u00f3 d\u00e1ndoles muerte con sus propias armas. \u00a1Mas, ay!, las flechas enemigas, mal dirigidas por los sorprendidos arqueros, hab\u00edan atravesado el coraz\u00f3n de la desdichada Tur\u00e9 Hu\u00e1, dej\u00e1ndola sin vida sobre el campo que se ti\u00f1\u00f3 de carm\u00edn con su sangre inocente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">El castigo de Sib\u00fa o Juez Supremo, no se hizo esperar, y Porubr\u00ed fue transformado all\u00ed mismo en el Ibih Ogu\u00e1 o monstruo diab\u00f3lico, quedando condenado a morar enternamente en la entra\u00f1a del cerro dondo cay\u00f3 su amada. El esp\u00edritu de la princesa fue convertido en diminuto colibr\u00ed y de su sangre surgi\u00f3 una fragante madre-selva de camp\u00e1nulas rojas como alfombra mir\u00edficamente del domo de aquella colina, conocida por los naturales con el nombre de Kak-Tur\u00edn. Las flores que all\u00ed crecen, de un fulgente escarlata, ofrecen el dulce licor de sus c\u00e1lices a las bandadas de colibr\u00edes que las cortejan todo el a\u00f1o, revoloteando entre el h\u00e1lito de su perfume embriagador.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Tal la historia de la Princesa Tur\u00e9 Hu\u00e1 cuyo esp\u00edritu, seg\u00fan la leyenda, sigue viviendo en el cuerpecito tornasol del colibr\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\"><strong>Referencia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Zeled\u00f3n Cart\u00edn, E. (2018). Leyendas costarricenses. Universidad Nacional.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuenta la tradici\u00f3n que, en \u00e9pocas remotas, en un extenso valle cruzado por el R\u00edo Grande de T\u00e9rraba, habitaban dos tribus enemigas gobernadas por los caciques UrusKara y Dufar\u00e1, quienes hab\u00edan chocado en sangrientas refriegas y de las cuales ninguna ventaja hab\u00edan obtenido. 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