{"id":1108,"date":"2021-12-21T11:05:56","date_gmt":"2021-12-21T17:05:56","guid":{"rendered":"http:\/\/tradicionescostarica.ucr.ac.cr\/?p=1108"},"modified":"2021-12-21T11:05:57","modified_gmt":"2021-12-21T17:05:57","slug":"el-jicaro-del-cayure","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tradicionescostarica.ucr.ac.cr\/index.php\/2021\/12\/21\/el-jicaro-del-cayure\/","title":{"rendered":"El j\u00edcaro del Cayure"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">En el Valle del Cayure, del legendario y progresista cant\u00f3n de Santa Cruz de Guanacaste, a\u00fan se conserva, referida de padres a hijos, una extra\u00f1a y obsesionante leyenda chorotega.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Se refiere a que en aquel Valle del Cayure fue plantado hace siglos, desde la \u00e9poca de la colonia, cuando el Cacique Nicoy\u00e1n se bat\u00eda con denuedo contra los conquistadores espa\u00f1oles, estimulado por su salvaje amor a la princesa Nandayure, hija del Cacique del Vetka, un \u00e1rbol que al principio se llam\u00f3 Caro, pero que luego se convirti\u00f3 J\u00edcaro, arbusto de unos seis metros de altura cuyo nombre cient\u00edfico es &#8220;crecentia cujete&#8221;, que produce unas frutas muy lustrosas color verde jadem esf\u00e9ricas u ovales de cuyo pericarpio los criollos guanacastecos fabrican los huacales o j\u00edcaras, t\u00edpicas vasijas muy apreciadas por \u00e9stos para servir el tiste o el chicheme.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">No hay transe\u00fante que haya cruzada por primera vez el Valle del Cayure, que no se sienta fuerte y misteriosamente atra\u00eddo por la turgencia de aquellas calabacitas color jade que se cuelgan de las ramas de los j\u00edcaros, como una tentaci\u00f3n para el viandante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Pero \u00a1oh fatalidad! Tan pronto como el incauto viajero toma algunas de aquellas frutas embrujadas, la senda se pierde en la maleza, las j\u00edcaras se tornan cada vez m\u00e1s pesadas y el caminante se extrav\u00eda y se desorienta hasta perderse en los zarzales y pasturas. Cuando, cansado de ambular de un lado a otro, el novato viajero siente que ya no puede con la pesada carga de aquellas j\u00edcaras embrujadas, las arroja lejos de s\u00ed. Al rodar por el suelo y romperse en pedazos las frutas hechizadas que el caminante desesperado ya no aguant\u00f3 m\u00e1s, desaparece el embrujo, las cabalgaduras encuentran el camino que hab\u00edan errado y el viajero extraviado reanuda la ruta que lo llevar\u00e1 a su punto de destino.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\"> \u00bfQu\u00e9 motiv\u00f3 tan raro prodigio? se preguntar\u00e1 el lector.  \u00a1Misterio! S\u00f3lo se sabe que una noche ya perdida en la sucesi\u00f3n centenario de los tiempos, la enamorada Nandayure sorprendi\u00f3 a su amado Nicoy\u00e1n rodeado de doce esclavas mestizas, hijas de nativas espa\u00f1oles, oriundas del Valle del Guarca, las cuales se disputaban las preferencias de su se\u00f1or el Cacique. Encendida en terribles celos Nandayure, auxiliada por Nimboyore, mutil\u00f3 con un escalpelo los senos de aquellas hur\u00edes que reten\u00edan preso entre las redes de sus encantos femeninos, al gallardo Cacique Nicoy\u00e1n. Ejecutada su terrible venganza, Nandayure recogi\u00f3 aquellos despojos, se fue al Valle del Cayure y all\u00ed al pie del j\u00edcaro legendario cav\u00f3 con sus propios manos una fosa y sepult\u00f3 en ellas sus macabros despojos. Desde entonces aquel \u00e1rbol, que hab\u00eda sido est\u00e9ril pues no daba ni frutas, ni flores, se torn\u00f3 f\u00e9rtil y cosechero y sus frutas tienen la forma y la turgencia del busto femenino. Pero, como un tab\u00fa, sus j\u00edcaras color jade no se dejan llevar a parte alguna por el viajero que, atra\u00eddo por un extra\u00f1o magnetismo, las despega de su tallo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">     Por eso, todo aquel que viaja por el Valle del Cayure la primera vez, siempre escucha de alg\u00fan amigo esta advertencia: &#8220;\u00a1 Cuidado con el j\u00edcaro! Ese palo, compa\u00f1ero, est\u00e1 embrujado. Sembrado aparece de vez en cuando en cualquier sitio al paso de los extra\u00f1os que viajan a caballo. No hay que tocarlo, est\u00e1 maldito, y hasta que se botan al suelo y se revientan las j\u00edcaritas que se han cogido de sus ramas, no se sale del embrujo, y cualquier persona se pierde y se le extrav\u00eda el camino&#8221;.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Muchas veces, al bochorno del mediod\u00eda, cuando el sol cae perpendicularmente y se miran crepitar en los pajonales y planuras; otras, al filo de la medianoche, cuando el Cuyero rompe la majestad del silencia con su fat\u00eddico y agorero sonsonete, los viajeros se han perdido mientras acarician entre sus manos las tersas jicaritas del Cayure.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\"><strong>Referencia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\" style=\"font-size:25px\">Zeled\u00f3n Cart\u00edn, E. (2018). Leyendas costarricenses. Universidad Nacional.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el Valle del Cayure, del legendario y progresista cant\u00f3n de Santa Cruz de Guanacaste, a\u00fan se conserva, referida de padres a hijos, una extra\u00f1a y obsesionante leyenda chorotega. 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